QUIETO EN PRIMERA. Robinson Canó ya no necesita otra oportunidad
Robinson Canó fue uno de los mejores peloteros dominicanos de su generación. Eso no está en discusión. Lo fue con los Yankees de Nueva York, con los Marineros de Seattle y también con el uniforme de República Dominicana. Ganó, produjo, conectó hits importantes y construyó una carrera que, durante años, parecía destinada al Salón de la Fama.
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Pero ya no estamos en ese momento.
A los 43 años, insistir en vender la idea de una “nueva etapa” en la carrera de Canó resulta más romántico que realista.
Según distintos reportes recientes, el veterano intermedista jugará en México durante el próximo invierno y algunos medios han presentado la decisión como una especie de reinvención deportiva.
La pregunta es simple: ¿qué nueva etapa puede existir a los 43 años para un pelotero que ya pasó su pico hace mucho tiempo?
La única etapa lógica es el retiro.
Y retirarse no sería una derrota. Todo lo contrario. Sería la manera más digna de cerrar una carrera que, pese a sus éxitos, terminó golpeada por decisiones propias. Porque cuando se habla del legado de Robinson Canó, hay un tema imposible de esconder debajo de la alfombra: las suspensiones por dopaje.
Dos veces suspendido.
Eso no es un detalle menor. Es una mácula en su carrera.
Después de esos episodios, el rendimiento de Canó nunca volvió a verse igual. Su producción cayó, su imagen cambió y su camino hacia Cooperstown prácticamente desapareció.
Antes de eso, el debate era si sería un miembro de primera boleta del Salón de la Fama. Después, la conversación pasó a ser otra: cómo un talento de ese nivel terminó dañando su propia candidatura.
Y ahí está el verdadero problema de insistir en extender esta etapa como jugador. No se trata de faltarle el respeto a su trayectoria. Se trata de entender el momento.
El liderazgo que todavía puede aportar al beisbol dominicano no necesita un uniforme ni un turno al bate. Puede hacerlo como mentor, instructor o coach; enseñar a jóvenes peloteros cómo sobrevivir en Grandes Ligas, cómo manejar la presión y también cómo no cometer ciertos errores.
Porque el beisbol dominicano no necesita seguir viendo a sus leyendas aferradas al terreno hasta el desgaste. Necesita referentes que entiendan cuándo salir.
Y quizá el mayor acto de inteligencia que puede hacer Canó ahora mismo no sea firmar otro contrato en México. Quizá sea aceptar que la carrera extraordinaria que una vez tuvo ya terminó hace tiempo.
El beisbol es libertad, libertad en movimiento.