El club Samuel Santana en Capotillo tiene su ring de boxeo y los jóvenes recuperan la ilusión
Juan y Pedro –pudiera ser cualquiera de los niños de Capotillo— ya no viven con incertidumbre, atrás quedaron aquellos días de pesadilla. Ahora, la realidad le explota ante sus ojos. El nuevo cuadrilátero del Club Samuel Santana les cambió la rutina y les puso el sueño del boxeo sobre un piso firme.
Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!En Capotillo, esa certeza la vivieron aquellos muchachos que llegaron temprano al club, muchos con los guantes todavía gastados de tanto uso y con la misma costumbre de siempre, pero ahora palpan una nueva realidad: un área de entrenamiento nueva y la oportunidad que por fin empieza a parecerse a algo serio.
Hasta hace poco, para ellos el boxeo era una promesa que se sostenía más en la voluntad que en otra cosa. La tozudez del caribeño era el empuje, pero ya no más. Antes, entrenaban con carencias, se adaptaban a lo que había y aprendían a moverse en un espacio donde el talento sobrepasaba a la infraestructura.
Por eso la entrega del nuevo cuadrilátero al Club Deportivo y Cultural Samuel Santana no se sintió como un acto más. Para los niños y adolescentes del barrio, fue la primera vez en mucho tiempo que el sueño tuvo forma, tamaño y piso reglamentario.

La intervención llegó de la mano del Instituto Nacional de Educación Física y del Ministerio de Deportes y Recreación, que dotaron al centro de guantes, protectores y el ring que durante años hizo falta para ordenar mejor la formación de los atletas que empiezan a abrirse paso en la disciplina.
Alberto Rodríguez Mella, director ejecutivo del INEFI, encabezó la entrega acompañado por Félix Díaz y Cristian Pinales, dos medallistas olímpicos que saben lo que significa salir de abajo y encontrar en el deporte una manera de darle dirección a la vida.
Rodríguez Mella explicó que el objetivo es dignificar el espacio donde se forman los futuros boxeadores del país, una decisión que en Capotillo se traduce en algo muy concreto: más de 200 niños y adolescentes de entre 8 y 16 años tendrán mejores condiciones para aprender y competir.
El cambio también toca la rutina del club, que ahora proyecta ampliar su alcance con áreas para tenis de mesa, ajedrez y taekwondo. Esa expansión le da al centro una dimensión distinta, porque ya no solo protege una tradición deportiva: también abre más puertas para los que buscan pertenecer.
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Genaro Prenza, presidente del club, informó que la capacidad de atención subirá de 60 a más de 200 jóvenes, y ese número cuenta una historia mayor que la del acto formal. Habla de un barrio que no se resigna, de una generación que insiste y de un espacio que por fin empieza a responderle a su propia gente.
En Capotillo, el nuevo cuadrilátero no representa solo una mejora material. Significa que Juan, Pedro y tantos otros ya no entrenan con la sensación de estar esperando demasiado; ahora tienen un lugar que les devuelve la confianza, les ordena el presente y les deja más cerca el futuro que vienen persiguiendo.
FOTO: PRENSA INEFI