Se fue Juan Vené, pero queda todo lo que nos enseñó
Se nos fue Juan Vené. Se fue “el periodista viajero de Venezuela y América”, pero para quienes tuvimos la fortuna de conocerlo, se fue mucho más que un cronista: se fue un maestro, un ídolo y, en mi caso, un amigo.
Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!No encuentro una medida para explicar lo inconmensurable de su obra. Juan fue, sin discusión, uno de los grandes cronistas de la historia del béisbol en español. Y resulta triste que, en estos tiempos de inmediatez y redes sociales, algunos reduzcan una carrera de décadas a una sola decisión: que nunca votó por Omar Vizquel para el Salón de la Fama. Eso es demasiado poco para explicar quién fue Juan Vené.
Su nombre verdadero era José Rafael Machado Yanes. El seudónimo también tenía una historia que él contaba con esa manera tan suya de explicar las cosas: “Juan por Juan Bimba, y Vené por Venezuela”. No pudo escoger mejor nombre. Porque Venezuela estuvo siempre en su manera de mirar el béisbol, de contarlo y de defenderlo.
En Venezuela comenzó la leyenda. Y en Estados Unidos, a partir de 1960, comenzó a cimentarse el mito. Allí creció “Juan Vené en la Pelota”, aquella columna que terminó acompañando a generaciones enteras de lectores. Yo fui uno de ellos. Crecí viendo “Lo Mejor de la Semana”. Sí, aprendí a leer con el “Silabario Venezolano”, pero me hice un amante de la lectura gracias a aquellas tardes en las que mi mamá llevaba El Mundo a la casa para leer la nota política del día. Yo aprovechaba y sacaba el segundo cuerpo del periódico para buscar aquella columna.
Lo que nunca imaginé entonces era que, casi 20 años después, me tocaría editar esa misma columna cuando fui coordinador de béisbol de Últimas Noticias. La vida me había puesto delante al periodista que yo admiraba desde muchacho y, sin que pudiera saberlo, terminaría convirtiéndolo en compañero de trabajo. Tuve también el honor de prologarle un libro y de presentar en Caracas su charla “5000 años de béisbol”, la única vez que la hizo. Edité muchas de sus columnas. Lo vi trabajar. Lo escuché. Aprendí de él.

Pero hay recuerdos que los números, los libros y las páginas de periódico jamás podrán explicar. Cuando Ignacio Serrano y yo le pedimos que nos hiciera unos bumpers para nuestro programa de radio, que en aquel entonces transmitíamos por Radio Deporte 1590 AM, en Caracas, Juan nos mandó a decir algo que todavía hoy me conmueve: “Si muero, no dejen de usar esas frases. Son suyas”. Así era Juan Vené. Magnánimo. Generoso hasta con sus propias palabras. Entendía que el periodismo también consistía en compartir, en abrir puertas, en dejar algo de uno en los demás.
Y ni hablar de Barbarita, su esposa, ni de Sergio, su hijo. Todos grandes personas. Todos forman parte de esa memoria afectiva que queda cuando se va alguien que no fue solamente una firma famosa, sino alguien que entró en la vida de quienes tuvimos la suerte de acercarnos a él. Yo ya no quiero llorar más porque siento que no puedo hacerlo. Pero la vida es así. Juan, con sus 97 años, la vivió a plenitud y siguió escribiendo hasta el último día, literalmente, su columna.
Juan fue mi ídolo. Fue quien me inspiró a ser periodista deportivo. Fue mi maestro, mi colega de trabajo y, por encima de todo, mi amigo. Nunca me negó un saludo y hasta me dejaba usar sus frases. Hoy, mientras intento despedirlo, entiendo que quizá esa fue una de las mayores lecciones que me dejó: un periodista puede construir una obra inmensa sin dejar de ser generoso con quienes vienen detrás.
Solo queda despedirnos como él lo hacía. Porque hay despedidas que, aun con lágrimas, necesitan conservar la voz del que se va. Juan Vené los verá en el próximo programa. ¡Vuela alto, Juan! Y descansa en paz.