José Soriano no descubrió su brazo en 2026. Descubrió su lugar, se ubicó en el sito que sabía que le correspondía. El derecho de los Angelinos arrancó la temporada con marca de 5-0 y efectividad de 0.24 en 37.2 entradas, pero lo que realmente cambió no está en los números, está en la cabeza.
Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!Ese brazo siempre estuvo ahí. En Santo Domingo se sabía. En los plays, en los bullpens, en cualquier conversación de beisbol, Soriano era “el que tira duro”. Pero en la calle también se dice algo más: no todo el que tira duro sabe lanzar.
Ya José Soriano tenía la chispa del capitaleño, de ese que aprende con bitilla y arrabal. Le faltaba encaminar todo ese talento hacia un fin específico… Y lo logró. Su carrera confirmó esa idea. Firmó en 2016, pasó por ligas menores, sufrió lesiones serias en el brazo y hasta salió de la organización antes de regresar. Fueron años donde el talento estaba intacto, pero el control del juego y de sí mismo todavía no aparecía.
Ese tipo de proceso es común en el beisbol dominicano. El talento nace en el barrio, pero el dominio se construye con golpes. Nadie le regala confianza a un pitcher. Tiene que ganársela a base de repetir, fallar y volver.
Según reportes recientes, Soriano incluso tuvo que reinventar su manera de lanzar, reduciendo el uso de su sinker y apostando más por la recta de cuatro costuras. Ese ajuste no es solo técnico, es mental: es decidir quién tú eres en la lomita.
Y ahí aparece el quiebre. No en un juego específico, sino en una etapa. En 2025 empezó a verse un pitcher más estable, capaz de sostener salidas largas y generar rodados. Era una señal, pero todavía no era dominio.
Ahora sí lo es. En 2026 no está sobreviviendo entradas, está imponiendo ritmo. En su más reciente salida, por ejemplo, trabajó cinco episodios en blanco y extendió su racha sin permitir carreras a más de 24 entradas.
El detalle que marca la diferencia no sale en la televisión. Es el gesto del pitcher que ya no duda después de fallar un lanzamiento. Es el que recibe la bola de vuelta, respira y vuelve a atacar. Eso, en el lenguaje del clubhouse, tiene un solo nombre: seguridad.
Soriano llegó ahí tarde, pero llegó. Y cuando un pitcher dominicano junta brazo, salud y confianza, cambia de nivel. Por eso este arranque no se siente como sorpresa, se siente como consecuencia.
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Si mantiene esa versión, no solo será el mejor momento de su carrera. Será la confirmación de algo que en Santo Domingo ya se decía hace tiempo: el problema nunca fue el talento, era que todavía no se lo creía.
FOTO: Captura MLB Network