Laureano deja en el terreno a los Toros; Águilas y Estrellas también respiran en LIDOM [+VIDEO]
La historia de la jornada del martes 3 de noviembre de 2026 en la pelota dominicana tiene tres escenarios y un hilo conductor: en noviembre, las temporadas empiezan a mostrar sus verdaderas costuras. En Santo Domingo, Ramón Laureano convirtió un debut que parecía torcido en una noche inolvidable; en San Pedro de Macorís, las Estrellas encontraron alivio después de cinco derrotas; y en Santiago, las Águilas despertaron sus bates frente al Licey. Los tres resultados modificaron el panorama de una liga en la que cada victoria empieza a tener un peso distinto.
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Laureano encontró la noche en el noveno; las Águilas encontraron el camino
El Escogido extendió a nueve su racha ganadora, las Estrellas detuvieron su caída y las Águilas encontraron motivos para creer. La pelota dominicana cambió de temperatura en tres estadios.
Hay noches en las que el beisbol parece escrito por un novelista que se reserva el desenlace hasta la última página. La del martes tuvo algo de eso. Ramón Laureano llegó al estadio Quisqueya Juan Marichal para estrenarse con los Leones del Escogido, pasó cuatro veces por el plato sin encontrar la manera de hacerse sentir y, cuando se presentó la quinta oportunidad, convirtió el silencio de sus primeros turnos en un estruendo que todavía debía resonar entre los seguidores rojos al abandonar el parque.
Su cuadrangular de tres carreras en el noveno episodio dejó en el terreno a los Toros del Este, 6-4, y llevó a los bicampeones nacionales a nueve victorias consecutivas, una nueva marca para el conjunto en la campaña 2026-2027. El Escogido terminó la jornada con récord de 10-4, instalado en la cima del campeonato.
Pero el batazo de Laureano cuenta apenas una parte de la historia. En la misma noche, las Estrellas Orientales recordaron que una mala racha no tiene por qué convertirse en una condena, mientras las Águilas Cibaeñas encontraron en sus nuevas incorporaciones la chispa ofensiva que tanto necesitaban. El Licey, por su lado, comprobó que también se puede celebrar un jonrón de un debutante y terminar la noche con la cabeza baja.
El quinto turno de Laureano
El beisbol tiene una manera particular de medir la paciencia. A veces le concede a un bateador cuatro oportunidades para equivocarse y una quinta para demostrar que las anteriores no explicaban quién era.
Laureano había fallado en sus primeros cuatro turnos. No era el estreno que cualquiera habría dibujado para un jugador llamado a reforzar a un equipo que llegaba en plena racha victoriosa. Sin embargo, en el cierre del noveno, con un out y Vidal Bruján en tercera y John Gil en primera, encontró otra vez a Lucas Sims en la lomita.
La cuenta estaba en cero bolas y dos strikes. El lanzador de los Toros tenía al bateador contra la pared, al menos en el papel. Entonces llegó un slider de 84 millas por hora.
Laureano no necesitó una segunda oportunidad. Mandó la pelota por encima de la pared del jardín izquierdo, a una distancia de 378 pies y con una velocidad de salida de 110 millas por hora. Bruján y Gil cruzaron el plato; Laureano completó el recorrido y sus compañeros lo recibieron en el home. El Escogido había ganado 6-4 sin necesidad de concederle una entrada adicional a la incertidumbre.
La escena tiene una ironía que merece atención: el hombre que menos había producido durante las primeras cuatro visitas al plato terminó resolviendo el partido en la quinta. En el beisbol, la estadística de un turno no siempre alcanza a explicar la historia completa de un jugador, y mucho menos la de una noche.
Los Toros habían llegado a tener ventaja de 4-0 en el primer episodio, después de que Jesús Sánchez conectara un cuadrangular de dos carreras y el abridor escarlata, Jeremy Rhoades, no consiguiera retirar a ningún bateador. El partido comenzó cuesta arriba para los locales, pero el relevo del Escogido fue cerrando las puertas que se habían abierto demasiado pronto.
Héctor Pérez, Reid VanScoter, Juan Mercedes, Luis Guerrero, Patrick Halligan, Aneurys Zabala, Elvis Peguero y Héctor Neris contribuyeron a contener a los romanenses. Neris terminó llevándose la victoria y Sims cargó con la derrota. En el camino, los Leones fueron recuperando terreno hasta dejar el desenlace en manos de su nuevo jardinero.
No fue una victoria construida exclusivamente con el batazo final. Fue también una victoria del relevo, de la capacidad de evitar que una mala entrada se convirtiera en una mala noche y de un equipo que ha aprendido a sobrevivir a situaciones incómodas.
El Escogido ya no solamente gana. También encuentra maneras distintas de hacerlo.
En San Pedro, la derrota dejó de ser costumbre por una noche
Mientras en Santo Domingo se celebraba un cuadrangular, en San Pedro de Macorís se celebraba algo menos espectacular, pero igualmente necesario: el final de una mala racha.
Las Estrellas Orientales derrotaron 5-3 a los Gigantes del Cibao en el estadio Tetelo Vargas. El resultado puso fin a cinco derrotas consecutivas de los verdes y cortó en tres la cadena de triunfos de los francomacorisanos.
Los Gigantes habían tomado la delantera, pero el partido comenzó a cambiar en el tercer episodio. José Tena conectó un doble productor de dos carreras y encabezó un ataque de tres anotaciones que colocó a las Estrellas al frente. Harold Ramírez aportó dos sencillos y anotó dos veces; Tena terminó con tres carreras remolcadas.
Los orientales agregaron otra carrera en el quinto, con un elevado de sacrificio de Tena, y llegaron al último episodio con margen suficiente para soportar la reacción de sus rivales.
Jackson Goddard, abridor de los Gigantes, permitió tres carreras, dos imparables y seis boletos en dos entradas y dos tercios. Gregory Santos se acreditó la victoria después de trabajar una entrada sin permitir imparables, mientras Luis García consiguió el salvamento.
El noveno episodio todavía reservaba un momento de tensión. Los Gigantes anotaron una carrera y amenazaron con acercarse más, pero Luis García provocó una doble matanza de Noelvi Marte que puso fin al partido.
En el beisbol, una doble matanza puede ser una jugada de rutina en el registro oficial. Para el equipo que lleva cinco derrotas consecutivas, es también la diferencia entre volver a casa con otra herida y poder dormir con la tranquilidad de haber cerrado una puerta a tiempo.
Las Estrellas necesitaban ganar. No porque una victoria en noviembre resuelva una temporada, sino porque perder durante varios días consecutivos termina convirtiendo cada nueva derrota en una pregunta sobre la capacidad del equipo para reaccionar.
El triunfo no borra los problemas que originaron la racha, pero cambia el punto desde el que se enfrentan. El equipo de San Pedro necesitaba detener la caída antes de que el calendario y la tabla de posiciones comenzaran a hacerla más costosa.
Santiago recuperó el sonido de sus bates
En el estadio Cibao, las Águilas Cibaeñas encontraron una respuesta ofensiva que llevaban varios partidos buscando. Vencieron 8-3 a los Tigres del Licey y pusieron fin a una cadena de tres derrotas.
La victoria tuvo dos protagonistas que llegaron a la noche con historias diferentes: Jasson Domínguez, debutante con el uniforme amarillo, y Aderlin Rodríguez, cuyo cuadrangular de tres carreras ayudó a construir la ventaja que las Águilas necesitaban.
Domínguez comenzó a hacerse sentir desde el primer episodio. Steward Berroa recibió boleto y anotó gracias a un doble del jardinero, que encontró de inmediato una manera de presentarse ante la afición aguilucha. Después conectó otro doble, terminó de 4-2, anotó dos carreras e impulsó una.
Rodríguez se encargó de darle dimensión al ataque en el tercero. Después de que Domínguez y Adael Amador recibieran boletos, el veterano conectó un cuadrangular de tres carreras ante Alexander Cornielle. Las Águilas ampliaron así su ventaja a 4-0 y obligaron al Licey a perseguir el partido desde temprano.
El equipo azul descontó en el cuarto episodio, pero los locales respondieron y añadieron dos carreras en el quinto. Para entonces, el marcador ya estaba 7-1. Las Águilas no habían resuelto todos sus problemas de la temporada, pero al menos estaban produciendo carreras con una continuidad que les había faltado durante la racha negativa.
El encuentro también ofreció su propio contrapunto. Ronny Mauricio, quien debutaba en la temporada con el Licey, conectó un cuadrangular de dos carreras en el sexto episodio. Su batazo redujo la diferencia a 7-3 y recordó que los azules también habían incorporado una pieza capaz de cambiar un partido con un swing.
Pero la reacción no pasó de ahí. En el octavo, Domínguez anotó la octava carrera aguilucha después de un error en tiro del campocorto Jesús Madé.
El triunfo correspondió a Erick Mejía, quien trabajó la cuarta entrada y consiguió su primera victoria como lanzador en la liga. Luis Gil cargó con la derrota. Ambos equipos terminaron con diez imparables, pero las Águilas sacaron mucho más provecho de los momentos en que tuvieron corredores en circulación.
Ese detalle importa. Diez imparables por cada lado no significan necesariamente que dos equipos hayan bateado igual. Los hits cuentan lo que ocurrió; las carreras explican quién supo aprovecharlo. Las Águilas consiguieron combinar sus conexiones con boletos, batazos oportunos y errores del contrario para convertir una noche de presión en una victoria de cinco carreras de diferencia.