PRD-PRM y su huella en los grandes eventos deportivos de RD
Cuando se revisa la historia del deporte en la República Dominicana con algo más que memoria selectiva, aparece una constante difícil de ignorar: los gobiernos vinculados al Partido Revolucionario Dominicano y, más recientemente, al Partido Revolucionario Moderno han tenido un papel determinante en la organización de grandes eventos y en el desarrollo de infraestructura deportiva en el país.
Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!Desde etapas tempranas, figuras como Wiche García impulsaron proyectos estructurales que hoy son columna vertebral del deporte nacional, como el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, concebido como un espacio integral para el alto rendimiento.
Durante la administración de Salvador Jorge Blanco, el país asumió la organización de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Santiago de los Caballeros, evento que dejó como legado instalaciones como el complejo deportivo de La Barranquita, aún vigente en el ecosistema deportivo cibaeño.
En ese mismo período, también se produjo un movimiento clave para el beisbol profesional: la expansión de la liga, que permitió la entrada de nuevas franquicias como los Azucareros del Este, consolidando el alcance nacional del torneo.
Años más tarde, el país organizó los Juegos Panamericanos de Juegos Panamericanos Santo Domingo 2003, una cita que transformó el mapa deportivo con la construcción del Parque del Este y la modernización del Centro Olímpico.
Dos décadas después, el relevo político encuentra continuidad. El PRM se encamina a la organización de unos nuevos Juegos Centroamericanos y del Caribe, acompañados de una intervención profunda en las principales instalaciones deportivas del país: remodelación de pabellones, renovación del Estadio Félix Sánchez, mejoras en béisbol, combate y natación, además de una actualización integral del complejo olímpico.
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Ahora bien, decir que todo ha sido acierto sería una lectura cómoda. Cada uno de estos procesos también ha estado marcado por cuestionamientos, retrasos y debates sobre ejecución, inversión y mantenimiento posterior. Y ahí está el punto que no se puede maquillar.
Porque al final, más allá de la narrativa política, la verdadera medida no es inaugurar… es sostener.